Redes sociales para gimnasios: qué publicar y quién lo hace

Qué publicar, quién graba, cómo se junta el mes entero en una tarde y por qué el número que cuenta son los mensajes que preguntan precio.

Por , fundador de Mr. Gimnasios · San Luis Potosí · · 28 min de lectura

Redes sociales para gimnasios: qué publicar y quién lo hace

Las redes de un gimnasio de barrio se sostienen con tres publicaciones a la semana, grabadas todas la misma tarde una vez al mes, por alguien que casi nunca eres tú. Ése es el sistema completo. Quien graba es el entrenador al que los socios ya saludan primero, o la persona de recepción; el dueño aparece dos o tres veces al año y para cosas concretas. Lo que se publica son cuatro o cinco formatos que hacen que alguien escriba, no seis que hacen que alguien aplauda: el recorrido crudo de la puerta al fondo, el socio que lleva ocho meses contando qué le costó el primer mes, la respuesta a la pregunta que en recepción te hacen todos los días, y el piso lleno a las siete de la noche. El número que se cuenta no es el de seguidores: es cuántos mensajes preguntando precio llegan por semana y cuántos de ésos terminaron parados adentro. Si en ocho semanas esa cuenta no se mueve, lo que está mal no es la cámara.

Esto está escrito para ti, que diriges el gimnasio: el que además abre, cobra, cierra y le cambia la banda a la caminadora. Todo lo que propongo pasa un filtro: si una persona ocupada no lo puede sostener tres meses seguidos, no sirve, por bueno que se vea en el papel.

Publicó treinta días seguidos, ganó doscientos seguidores y ni un socio

Un dueño que conozco decidió en enero que este año sí le iba a entrar. Publicó treinta días seguidos: grababa con el celular recargado en una mancuerna y editaba a las once de la noche, después de cerrar. Al final del mes tenía doscientos seguidores más y estaba contento: era el primer número que se movía en su cuenta desde que abrió.

En febrero se le empalmó la revisión de gas, se enfermó la de recepción y publicó cuatro veces. En marzo, ninguna, y la cuenta lleva parada desde entonces. En todo enero nadie llegó al mostrador diciendo que venía por ahí.

Él concluyó que las redes no funcionan para un gimnasio como el suyo. No es eso, y vale la pena separar las cuatro cosas que pasaron. La primera: esos doscientos seguidores, en su mayoría, no viven cerca. A los videos de ejercicios les llega gente a la que le gustan, esté donde esté. No te puedo dar el porcentaje y desconfío del que te lo dé con decimales; lo que sí se ve es que cuando el contenido es genérico, los seguidores nuevos también lo son.

La segunda: ninguna de las treinta decía dónde estaba el gimnasio ni cómo se veía adentro, que es justo lo que quiere saber el que pasa enfrente. La tercera: los tres mensajes que sí llegaron se contestaron al otro día, cuando el que preguntó ya había preguntado en otros dos lugares. Y la cuarta, la que importa: publicar todos los días exige una decisión diaria, y ésa es la primera tarea que se cae cuando se descompone el aire acondicionado. Treinta días de esfuerzo y once meses de silencio no son una buena idea con un mal mes: son un mal diseño.

Haz esta prueba antes de seguir. Abre tu cuenta desde el teléfono, no como dueño sino como el vecino que pasa enfrente todas las mañanas y nunca ha entrado. Mira las últimas doce publicaciones y pregúntate qué le contestan. ¿Cómo se ve el piso? ¿Está lleno a la hora que yo podría ir? ¿Hay gente de mi edad? ¿Cómo pregunto cuánto cuesta? Si las doce no contestan nada de eso, el problema no es que publiques poco.

Para qué sirven de verdad las redes de un gimnasio local, y para qué no

La confusión de fondo es que copiamos el manual equivocado: casi todo lo que se escribe sobre redes está pensado para quien vende en línea a cualquier parte. De ahí la tesis de la que cuelga todo lo demás: la cuenta de un gimnasio local no es un canal de descubrimiento, es un canal de confirmación. Casi nadie te descubre ahí. Te descubren pasando enfrente, por el letrero, porque alguien lo mencionó en el trabajo. La cuenta es la segunda parada, y ahí está su valor: es donde el que ya te vio comprueba que existes y que se ve bien.

Puestas así tiene tres trabajos, y ninguno es conseguir seguidores. El primero es probar que estás vivo: una cuenta cuya última publicación es de hace cinco meses le sugiere al que estaba considerando entrar que a lo mejor ya cerraste. Publicar poco no hace daño; parar sí. El segundo es contestar en imágenes lo que nadie se atreve a preguntar: ¿me voy a sentir fuera de lugar?, ¿hay gente como yo?, ¿voy a esperar turno en la banca a las siete? Eso no se contesta con palabras, se contesta enseñando el piso. Y el tercero es abrir la conversación: un lugar evidente donde se escribe y alguien que contesta pronto.

Ahora para qué no sirven, que ahorra más tiempo. No sirven para que te encuentren: para eso está tu ficha en el mapa, que es lo que ve el que busca un gimnasio cerca de su casa a las diez de la noche. Entre una cuenta impecable y una ficha bien puesta, la ficha gana sin discusión, y la razón está en cómo se trabaja la ficha del mapa de un gimnasio. Tampoco sirven para llegarle a quien nunca ha oído de ti: eso se compra, cuesta y se mide aparte, en publicidad local para gimnasios.

No sirven para cerrar la venta: nadie se inscribe a un gimnasio por un chat, se inscribe cuando ya se paró adentro. Y no arreglan un problema del mostrador: si entran cinco visitas a la semana y se inscribe una, lo que tienes es un problema en cómo se enseña el gimnasio a alguien que viene a preguntar, y publicar más sólo hará que más gente vea ese mismo mostrador.

De ahí sale el único número que te voy a pedir que cuentes: cuántos mensajes preguntando precio llegan por semana. Los mensajes sólo los manda gente que está considerando ir.

Quién graba: casi nunca el dueño

Ésta es la decisión que más cambia el resultado y la que casi nadie toma a propósito. El dueño acaba siendo la cara por descarte: es el que se anima y el que está. Y es casi siempre la peor opción, por razones que nada tienen que ver con cómo se ve en cámara.

No se sostiene, y amarra el negocio a tu persona. Si la cara eres tú, la cuenta depende de que tengas una buena semana, y tú no tienes buenas semanas en abril. Además la gente se hace socia de ti: el día que quieras vender o abrir un segundo local, una parte de lo que vendes no es transferible.

Se oye como publicidad, y eres el que peor tolera verse mal. El dueño hablando bien de su gimnasio es publicidad aunque sea todo cierto; el socio que lleva ocho meses contando qué le costó al principio es otra cosa, y no porque uno mienta: es que al segundo se le cree sin esfuerzo. Y como es tu negocio, repites la toma quince veces y lo que debía tomar diez minutos toma una hora. Ése es el mecanismo real por el que estos intentos se mueren: no por falta de ganas, por exceso de cuidado.

Las dos excepciones

La primera es cuando hay que dar la cara: un cambio de horario, un ajuste de cuota, una obra que cierra media zona, una queja pública. Ahí no puede salir el entrenador, porque él no decidió eso y todos lo saben. Sales tú, cuarenta segundos, de frente, sin música, diciendo qué va a pasar y desde cuándo. Dos o tres veces al año.

La segunda es el gimnasio de una sola persona: el local chico donde el dueño es el entrenador principal y la gente ya se inscribe por él. Pelear contra eso es tonto, pero mete a alguien más en cámara una vez al mes desde ahora: el gimnasio de una sola cara está a un mal mes de no publicar nada en medio año.

Quién sí

El mejor candidato está en tu piso y se detecta con una señal observable: es el entrenador al que los socios saludan primero. No el que más sabe ni el que mejor habla: el que ya cae bien. Ése, con un teléfono, se ve natural sin hacer nada.

La persona de recepción es la segunda mejor opción y la que casi nadie considera: se sabe las cinco preguntas que le hacen todos los días, y ésas son la mitad de tu contenido. Si además contesta los mensajes, el círculo se cierra solo, y lo que debería hacer con la bandeja está en cómo se contesta el WhatsApp de un gimnasio para que los mensajes vendan.

Los socios son el tercer grupo y el más desaprovechado, no para llevar la cuenta sino para aparecer: dos al mes contando algo real valen más que veinte videos tuyos. Y el sobrino que edita bien sirve como editor, no como el que decide qué se graba.

Cómo se le pide a un entrenador sin que se sienta obligado

El error clásico es pedirle "que lleve las redes": eso no es una tarea, es un puesto sin sueldo y sin fin, y cualquiera lo huele. Lo que se acepta por compromiso dura seis semanas.

Se pide al revés, acotado y con fecha: una tarde al mes, de tres a cinco. La frase exacta está en la tabla de guiones. Y se paga, porque esas dos horas son horas trabajadas. Se le dice además qué gana él, porque es verdad: su cara en la cuenta le trae clientes de entrenamiento personal.

Lo que hace que no se sienta obligado es que el no se acepte a la primera y sin cara. Si dice que no, se agradece y se busca a otro: alguien incómodo frente a la cámara se ve incómodo en el video, y eso le dice al que lo ve que en tu gimnasio la gente está tensa. Y acuerda desde el principio qué pasa con los videos si esa persona se va.

Qué se publica: lo que mueve mensajes y lo que sólo mueve likes

Uso el gimnasio de la casa para los ejemplos: 320 metros, cuatro empleados, 268 socios. Los formatos que mueven mensajes contestan una pregunta que alguien de la colonia se está haciendo; los que sólo mueven likes, una que nadie se hizo.

El recorrido crudo. Cuarenta segundos caminando despacio de la puerta al fondo, en vertical, con el sonido del gimnasio puesto, sin música y sin cortes. Es el más feo y el que más mensajes trae, porque contesta lo único que de verdad se pregunta el que nunca ha entrado. Se graba a la hora que la gente quiere ir, no a la que se ve más bonito.

El socio que cuenta. No un testimonio; un testimonio se nota a un kilómetro. Dos preguntas y se acabó: "¿qué hacías antes de venir aquí?" y "¿qué te costó más el primer mes?". La segunda es la buena, porque la respuesta siempre es algo incómodo y verdadero —que le daba pena, que no sabía usar nada— y ése es el miedo del que ve el video.

La pregunta de recepción, contestada. Las preguntas que tu recepción oye a diario son publicaciones que ya están escritas y nadie ha grabado. "¿Tengo que saber usar las máquinas?" "¿Hay alguien que me arme una rutina?" "¿Puedo venir nada más tres veces por semana?" Se contestan de frente, en veinte segundos. Ojo con la del precio: un número sin contexto siempre se lee caro, y por qué pasa eso está en por qué decir el precio sin contexto mata la venta.

La prueba de que hay gente. Quince segundos del piso lleno a las siete, o de la clase del sábado con las barras ocupadas, desde un punto alto y lejano, sin enfocar caras. Le contesta a dos personas opuestas: al que teme entrar a un gimnasio vacío y triste, y al que quiere saber si va a hacer fila.

El aviso operativo. El horario del festivo, la prensa nueva que llegó el jueves, la clase que cambia de hora: suenan aburridos y son los que más se comparten.

Y lo que sólo da likes: la frase motivacional sobre la foto del atardecer; el video de ejercicio genérico, que le habla a quien ya entrena y puede estar en cualquier ciudad; el reto de moda con el baile; y el más caro, la promoción con el precio tachado, que trae gente que viene por el descuento y te deja el precio quemado el resto del año, como desarmé en cómo se promociona un gimnasio sin quemar el precio.

FormatoQué provocaCuánto cuesta hacerlo
Recorrido crudo de la puerta al fondo, sin música ni cortesMensajes preguntando precio y horario. Es el que más mueve la bandejaDiez minutos, una persona, sin edición
Socio de varios meses contestando dos preguntasMensajes de gente insegura, que es la que más se queda si entraDiez minutos por socio, más pedirle el permiso antes
La pregunta de recepción contestada de frenteVisitas mejor informadas, que llegan sabiendo qué quierenSiete minutos si la graba quien ya la contesta a diario
Piso lleno a las siete, desde un punto alto y lejanoConfianza, no mensajes inmediatos. Trabaja en el que ya dudabaCinco minutos, sin permisos si no se enfocan caras
Aviso operativo: horario, máquina nueva, cambio de claseQue los socios sigan mirando la cuenta y que se comparta entre vecinosDos minutos, se graba el mismo día que pasa
Promoción con el precio tachadoMensajes por el descuento y un precio quemado que arrastras todo el añoDiez minutos de diseño y varios meses de consecuencias

Qué se graba en el piso sin interrumpir a nadie

Aquí es donde casi todos los intentos honestos hacen daño sin querer. Un gimnasio es un lugar donde la gente se siente vista de más, y muchos socios entraron peleados con cómo se ven. Una cámara mal manejada te cuesta la socia de las nueve, que deja de venir y nunca te va a decir por qué. La regla de la casa: nadie sale en cámara sin haber dicho que sí, en voz alta, ese día.

Ya sé que existe el letrero de "al ingresar acepta ser videograbado", y hay obligaciones reales sobre los datos de tus socios que expliqué en qué tiene que decir el aviso de privacidad de un gimnasio. Pero el papel te protege de una demanda y la pregunta en voz alta te protege de perder a la persona, que pasa mucho más seguido.

Lo que nunca se graba

Esta lista va impresa en media hoja, pegada atrás del mostrador, y se la das a quien vaya a grabar antes de que grabe nada.

  • Regaderas y vestidores. Nunca, ni vacíos, ni para enseñar que están limpios: graba la puerta cerrada y el pasillo.
  • Nadie de espaldas, agachado, ni en sentadilla desde atrás. Deja de ser obvio cuando vas caminando y grabando al mismo tiempo.
  • El socio que está batallando: el que se sentó a los cinco minutos, el que está rojo, el que hace mal el ejercicio. No se sube ni con permiso.
  • Menores de edad sin el papá o la mamá presente diciendo que sí. Sin excepciones.
  • Básculas, números y medidas de nadie.
  • Caras de fondo que no dieron permiso. La regla práctica: si vas caminando, graba del pecho para abajo.

El socio que no quiere salir

Va a pasar y está bien que pase. La diferencia está en cómo se pregunta. Antes de grabar, no después: enseñarle un video ya hecho lo obliga a arruinar tu trabajo para decir que no. Y a solas, porque delante de tres compañeros nadie dice que no, y el que dijo que sí a fuerzas se acuerda.

Se ofrece la salida honrosa en la misma frase —"si no te late, no hay bronca, me cambio de lado"— para que el no cueste cero. Y se le enseña el video antes de subirlo, con la promesa de que si no le gusta se borra. Se borra de verdad, y ésa es la política que hace que la gente diga que sí la próxima vez. Lo mismo aplica al que dijo que sí y tres meses después pide que lo bajes: se baja el mismo día y no se negocia.

Sin interrumpir

La grabación se hace en hora muerta, que en la mayoría de los gimnasios independientes es entre las once y la una. La única toma que exige hora pico es la del piso lleno, y tiene reglas propias: punto fijo, alto y lejos, quince segundos. Entrar con el teléfono en alto a las siete de la noche, entre las bancas, es la manera más rápida de que tres socios se cambien de horario.

Y una regla que se rompe todo el tiempo: nunca se le pide a un socio que repita una serie para la cámara. Se graba lo que está pasando o no se graba: en el momento en que alguien actúa su propio entrenamiento, tu gimnasio se volvió un set, y eso se nota más en el piso que en el video.

Una tarde al mes: el contenido de cuatro semanas de un jalón

Lo que mata las redes de un gimnasio no es grabar: es decidir. Publicar todos los días obliga a una decisión diaria, y ésa es la tarea que se cae en cuanto hay una fuga en el baño. Juntar la grabación del mes en una tarde elimina veintiocho decisiones y deja una: la frecuencia mata, el lote salva.

Se agenda el mismo día de cada mes —el primer jueves, por decir algo— a la misma hora muerta, y no se mueve. Dos horas, dos personas: quien graba y quien sale. El teléfono cargado y la media hoja con la lista de tomas. Sin luces, sin micrófono y sin tripié: todo eso agrega montaje y no agrega mensajes.

BloqueQué se graba, exactoMinutosDe cuántas publicaciones sale
1Recorrido de la puerta al fondo, caminando despacio, una toma, tres intentos y se queda el mejor101 completa, más material suelto
2Cuatro máquinas en uso, quince segundos cada una, desde atrás o de lado, sin caras152
3Las tres preguntas que más le hacen a recepción, contestadas por quien las oye todos los días203
4Dos socios que ya dijeron que sí: qué hacías antes, qué te costó el primer mes202
5El entrenador arreglando una cosa chiquita de un ejercicio, veinte segundos, sin dar clase102
6El gimnasio vacío y recién trapeado: mancuernas acomodadas, espejos limpios, la luz de la mañana101, más fondos para avisos
7Los avisos del mes: el horario del festivo, la máquina nueva, la clase que cambia de hora102
8Tres fotos fijas: la fachada con el letrero encendido, el estacionamiento, la puerta desde la banqueta10Se usan todo el año
9Revisar todo, borrar lo que no sirve y guardarlo en una carpeta con la fecha del mes15—
TotalUna tarde, dos personas, cero equipo especial12013 a 15 piezas para un mes de 12

Cinco reglas sostienen la tarde. No se edita ese día, porque mezclar grabación con edición convierte dos horas en cinco. Tres intentos por toma. Todo vertical. Con el sonido del gimnasio puesto, que hace que el video se sienta un lugar y no un anuncio. Y una carpeta con el nombre del mes, que te deja rellenar una semana floja de marzo con lo que sobró de enero: ese margen de sobra es lo que te salva cuando sale mal una toma.

La tarde de grabación no publica nada. Publicar es otra tarea de quince minutos, una vez por semana, siempre el mismo día: se abren las tres piezas, se les escribe el pie y se programan. El pie son tres renglones y el tercero nunca cambia: dónde estás y cómo se pregunta, repetido a propósito, porque cada publicación es la primera que alguien ve.

Tres veces por semana sostenidas le ganan a diario durante dos semanas

Este consejo contradice lo que vas a leer en casi cualquier otro lado, así que voy a decir qué sé y qué no. Lo que no sé: cuánto empuja cada plataforma a las cuentas que publican más. Nadie fuera de esas empresas lo sabe, y el que te venda una frecuencia exacta te vende una conjetura con traje.

Lo que sí observo, en gimnasios independientes con los que trabajo: los mensajes llegan bastante parejos mientras la cuenta esté viva, y se caen cuando la cuenta se para. No he visto que duplicar la frecuencia duplique los mensajes; sí he visto, muchas veces, que parar tres meses los apaga. Es una observación de piso, no un dato de plataforma, y la trato como tal.

De ahí sale la aritmética que a mí me convence. Tres publicaciones a la semana durante un año son más de ciento cincuenta piezas. Una diaria durante dos semanas son catorce y después un hueco. El que entra a tu cuenta en septiembre no ve tu esfuerzo de enero: ve la última publicación y la fecha que tiene. Y hay una razón más: el que la abre ya te está considerando, y no decide por la cantidad sino por lo que contestan las últimas nueve publicaciones.

El reparto que uso es simple: lunes sale la pieza que contesta algo, miércoles la que enseña gente, viernes el aviso. Las historias sueltas sí pueden ser diarias, porque no se producen y porque desaparecen: la caminadora nueva bajando de la camioneta, el trapeador a las seis. Ahí no hay que decidir nada y por eso no se cae. Y en cuántas redes estar: en dos, y la segunda es copiar y pegar lo mismo.

Los mensajes: ahí no se cierra la venta, se agenda la visita

El mensaje típico dice una sola palabra: "precio", o "informes". No es una pregunta, es una prueba: esa persona está averiguando si aquí contestan y qué tan rápido, y casi siempre mandó el mismo mensaje a dos o tres lugares más.

El error más común es contestar con la lista de cuotas y quedarse callado. Eso convierte el mensaje en una comparación entre tres gimnasios que esa persona no ha visto, y ahí gana el más barato. El segundo error es el contrario: "pásate y con gusto te explicamos" enoja, y con razón, porque el que pregunta interpreta que le van a hacer algo y se va.

Se da el precio, pero nunca solo ni como último renglón. Va con una cosa que nadie más le va a decir —el horario en que está tranquilo, que el primer día alguien lo acompaña— y se cierra con una pregunta que se conteste con una palabra: "¿Vienes en la mañana o en la tarde?" Una pregunta abierta en un chat se queda sin contestar.

Y aquí está lo importante: el objetivo del mensaje no es que se inscriba, es que se pare adentro. Lo que compra es un lugar y una sensación, y eso no cabe en texto. Lo único que tiene que lograr es una visita con día y hora; lo que pasa cuando cruza la puerta está en cómo se convierte la recepción en el lugar donde se decide la venta.

Tres reglas más sobre la bandeja, que es donde se pierde casi todo. Una sola persona y una sola bandeja: si el que graba contesta la red social y la de recepción el WhatsApp, vas a perder mensajes y nadie va a saber cuáles. El tiempo de respuesta es lo único que de verdad mueve el número, no la redacción ni el tono; ponle horario a la bandeja y cúmplelo. Un solo seguimiento, y con algo nuevo: al que preguntó y no volvió a escribir se le manda un mensaje a las veinticuatro horas con información que no tenía, y hasta ahí. El tercero ya no es seguimiento, es insistencia, y de eso la gente se acuerda más tiempo que del precio.

Las reseñas y los comentarios

Las reseñas no son redes sociales y por eso casi nadie las trabaja, pero pesan más que todo lo anterior junto: el que busca un gimnasio cerca de su casa ve primero las estrellas y luego, si acaso, la cuenta. Una cuenta impecable con tres reseñas viejas pierde contra un gimnasio con cuarenta reseñas recientes y una cuenta mediocre.

Cómo se pide una reseña sin que sea incómodo

Lo primero es cuándo. No por mensaje masivo a toda la base, que produce dos reseñas y veinte personas incómodas. Se pide en persona, justo después de que ese socio te dijo algo bueno: "ya me acostumbré", "el muchacho nuevo explica bien". Ése es el único momento en que pedir una reseña no se siente un favor, porque lo que pides es que escriba lo que acaba de decir.

Lo segundo es quitar pasos: se pide con el teléfono ya abierto en la pantalla donde se escribe, porque cada paso que le dejas se traduce en gente que dijo que sí y nunca lo hizo. Lo tercero: se pide una vez y se suelta. Y lo cuarto: no se regala nada a cambio, porque va contra las reglas de las plataformas y contamina las que sí eran verdaderas. Dos por semana, pedidas a la cara, son cerca de cien al año.

Qué se contesta a una mala

Se contesta siempre, en menos de veinticuatro horas, corto y en el mismo lugar donde la escribieron. Y sabiendo para quién es la respuesta: no para el que se quejó, sino para los siguientes cincuenta que van a leer la queja y tu respuesta juntas.

Tres renglones y en este orden: reconocer lo que pasó sin pelear el detalle, decir qué se hizo, y mover la conversación a un lugar privado. Lo que nunca se hace: discutir los hechos en público aunque tengas la razón, explicar el reglamento, pedirle que la borre, o contestar "usted no es socio de este gimnasio" aunque sea cierto. La regla que yo uso: si al leerla te subió la temperatura, no contestas tú y no contestas hoy.

El comentario molesto en público

Son tres tipos. El que tiene razón: se contesta, se le agradece y se arregla lo que dijo, y ése es el mejor comentario del año. El que está de mal humor: una respuesta, corta y amable, porque la segunda es donde empieza el pleito. Y el que insulta o se mete con un socio: se oculta, que no es borrarlo a la vista de todos. Ninguno lo contesta quien graba.

Los cuatro guiones que conviene tener escritos antes de prender la cámara

Un guion no es un libreto que se recita: es lo que sale cuando no se te ocurre nada mejor, que es justo el momento en el que estas conversaciones ocurren. El que las tiene a diario se despega del guion en dos meses; lo que no se puede es no tener nada abajo.

SituaciónQué se diceQué nunca se dicePor qué
Le pides a un socio salir en un video"Oye, estamos grabando algo cortito para enseñar cómo es esto por dentro. ¿Te late salir veinte segundos? Si no te late, no hay bronca, me cambio de lado.""No te preocupes, casi no se te ve." / Grabar primero y preguntar despuésLa salida honrosa va en la misma frase, para que el no cueste cero. Preguntar después lo obliga a arruinar tu trabajo para negarse
Le pides a tu entrenador que sea quien grabe"Necesito dos horas tuyas el primer jueves de cada mes, de tres a cinco, para grabar. Te las cuento como turno. Tu cara ahí te va a traer clientes de personal, y si no quieres, dime y busco a otro.""¿Te animas a llevarnos las redes?""Llevar las redes" es un puesto sin sueldo y sin fin. Dos horas con fecha y pagadas sí se aceptan; el no explícito quita la obligación
Le pides una reseña a un socio que acaba de decirte algo bueno"Oye, ¿eso me lo escribirías en Google? Son dos líneas, aquí te lo abro.""Nos ayudarías mucho si nos dejas cinco estrellas." / El mensaje masivo a toda la basePedir que escriba lo que acaba de decir no se siente favor. Pedir estrellas dirige la reseña y la vuelve falsa
Llega un mensaje que dice sólo "precio" o "informes""Hola, buen día. La mensualidad es de tanto, y el primer día alguien te acompaña a armar tu rutina. ¿Vienes en la mañana o en la tarde?"La lista de cuotas sola. / "Pásate y con gusto te explicamos."El número solo se compara y siempre pierde; esconderlo enoja. La pregunta cerrada es lo único que se contesta en un chat
Comentario público molesto o reseña de una estrella"Tiene razón en lo del vestidor: ayer lo cerramos dos horas y ya está resuelto. Si quiere, escríbame a este número y lo vemos directo. Gracias por decirlo.""Usted nunca ha sido socio aquí." / Explicar el reglamento / Pedirle que la borreLa respuesta es para los cincuenta que la van a leer después. Ganar la discusión en público es perder frente a ésos

Lo que pasa con el mensaje después de que contestas decide casi todo: Cómo se contesta el WhatsApp de un gimnasio para que los mensajes vendan.

Cómo se lo enseñas a quien va a grabar

Esto no se enseña con una explicación ni mandando un video al grupo. Se enseña grabando junto a esa persona, una sola vez, media hora, en el piso y en hora muerta. Si al terminar la media hora no grabó nada con sus manos, no le enseñaste: le platicaste.

Se le enseñan tres cosas. Cómo se sostiene el teléfono: vertical, con las dos manos, pegado al cuerpo, caminando desde la cadera y no desde los hombros. A quién no se graba: la media hoja de la lista, leída en voz alta. Y cómo se pide permiso: la frase de la tabla, dicha completa hasta que le salga sin pensarla.

El ensayo es que grabe el recorrido delante de ti. Va a salir mal: va a caminar rápido, va a grabar horizontal a la mitad, va a enfocar a alguien de espaldas. Déjalo terminar y que lo repita. La segunda sale rígida y la tercera empieza a salir. Nunca una sola repetición: una repetición es una demostración, y una demostración no cambia a nadie.

Lo que no se le enseña el primer día: editar, poner música, escribir los pies. Cuánto tarda en pegar: dos tardes. La primera dura tres horas y sale regular; la segunda dura las dos que debe durar. De la tercera en adelante graba solo y tú nada más revisas. Lo que no se delega el primer año es quién sale, qué se sube y qué se baja.

Cómo sabes si está sirviendo: cuenta mensajes, no seguidores

La señal observable es una sola y no necesita software: cuántos mensajes preguntando precio llegan por semana, y cuántos de ésos se pararon adentro. Se cuenta con una libreta junto a la caja, con los siete días escritos, y una rayita cada vez que llega uno. Quien esté en el mostrador hace la rayita; tú miras la libreta el día que programas la semana.

Antes de cambiar nada, cuenta cuatro semanas. Ésa es tu línea base, y sin ella el mes tres no te va a poder decir nada. Es el paso que todo el mundo se salta.

CuándoQué cuentasEstá sirviendo siNo está sirviendo si
Las cuatro semanas de antesMensajes de precio por semana, con la libreta. No publiques distinto todavíaNada. Es tu punto de partidaNo cuentas, y entonces todo lo que sigue es opinión
Mes 1Que las tres publicaciones de la semana salieron las cuatro semanasDoce piezas publicadas. Los mensajes no se mueven todavía y está bienSe publicaron seis y las últimas dos semanas quedaron vacías
Mes 2Mensajes por semana contra la línea baseSe asoma un mensaje o dos más por semanaExactamente igual que la línea base, semana tras semana
Mes 3De los mensajes del mes, cuántos se pararon adentroUna parte clara de los que escribieron llegó a la puertaLlegan mensajes y nadie viene: el problema es la bandeja, no el contenido
Mes 3En recepción, a cada visita: "¿cómo nos encontró?"Alguien menciona un video concreto, no "por internet"Todos dicen "pasé por aquí" y nadie ha visto nada
Mes 6Nada. Escuchas el mostradorAlguien entra diciendo "vi el video del señor que entrena a las seis"Sigue sin aparecer una sola referencia espontánea

Esa última fila es la que más me importa y la que no se puede contar. Entre el mes cuatro y el seis, alguien cruza la puerta y menciona una publicación específica: no dice "los vi en Instagram", dice cuál vio. Ése es el cambio que importa, porque significa que la cuenta dejó de ser un adorno.

Y lo que no se cuenta, por más que la aplicación te lo ponga enfrente: seguidores, likes y alcance. No distinguen entre el vecino y el desconocido de otro estado, y tú sólo le puedes vender a uno de los dos.

Qué haces cuando no funciona

Va a pasar, y no significa que hayas elegido mal a la persona. Ubica cuál de los cuatro problemas es, porque los cuatro se ven idénticos desde afuera —"las redes no sirven"— y se arreglan distinto.

Uno: no llega nadie a la cuenta. El problema está antes: la ficha del mapa está incompleta, el letrero no se lee desde el camión, no hay nada que conecte la calle con el teléfono. Se arregla afuera, no publicando más.

Dos: llega gente y no escribe. El problema es el contenido. Mira las últimas nueve publicaciones como si fueras el vecino: si son nueve videos de ejercicios bien editados, ya sabes qué pasó. Cámbialas por recorrido, socio que cuenta y pregunta de recepción.

Tres: escriben y no vienen. El problema es la bandeja, y casi siempre es una de dos cosas: se tarda horas en contestar, o se manda la lista de cuotas pelona sin una pregunta al final. Las dos se arreglan en una semana.

Cuatro: vienen y no se inscriben. Entonces las redes funcionan y el problema es lo que pasa cuando esa persona cruza la puerta: publicar más sólo hará que más gente vea el mismo mostrador.

Y lo que no se hace: publicar más, cambiar de red social, o contratar a alguien para que "lo lleve" sin haber identificado cuál de los cuatro es. Contratar sin diagnóstico es pagarle a alguien para que produzca mejor un contenido que nadie estaba esperando.

Cuando el que graba dejó de grabar

Pasa casi siempre al tercer o cuarto mes y casi nunca por mala voluntad: la tarde se recorrió una vez, después dos, y ya no volvió. La primera conversación es de dos minutos, en privado, con el dato en la mano. "El primer jueves de octubre no grabamos y en noviembre tampoco. ¿Qué está pasando?" Y después te callas. Ese silencio es casi toda la conversación, y la mayoría de los dueños lo llenan con su propia justificación. Lo que salga tómalo en serio, porque muchas veces la razón es tuya: le cargaste tres cosas más, le cambiaste el turno, o la tarde quedó en un día que ya no es hora muerta.

La segunda, dos semanas después si nada cambió, es más corta: "Es la segunda vez que lo hablamos. Si esto no es para ti, está bien y lo movemos con alguien más; dime tú." Poner la salida sobre la mesa hace más que cualquier discurso. Y el límite: se cambia de persona, sin drama. Si no hay otra, la tarde la tomas tú, porque peor que el dueño grabando es nadie grabando.

Lo que cuesta y lo que devuelve

Aquí van las únicas dos cifras en pesos del artículo, porque esto no se decide con dinero. Un community manager de medio tiempo ronda los $8,000 al mes, y es un gasto fijo que no deberías tomar antes de tener tres meses seguidos hechos en casa: si nunca los has sostenido, no sabes qué pedirle y vas a acabar pagándole por publicar lo mismo que no funcionaba. La tarde al mes no cuesta nada nuevo: dos horas de dos personas que ya están en tu nómina.

Lo que devuelve se cuenta en socios. En el gimnasio de la casa, con 268 socios activos y cuota de $580, la diferencia entre una cuenta parada y una viva no es un salto: son dos o tres personas al mes que escriben, vienen y se quedan. Entre veinticuatro y treinta y seis al año, de las cuales una parte se irá antes del mes tres. No se ve en ningún reporte, y por eso este trabajo es tan fácil de abandonar.

Una aclaración honesta antes de cerrar. Lo que leíste alcanza para arrancar de verdad y sostener los primeros meses: a quién le pides que grabe y cómo se lo pides, qué formatos mueven mensajes, qué nunca se graba, la tarde completa toma por toma, el ritmo que se aguanta, los guiones y la libreta con la que sabrás si sirvió. Puedes montarlo tú solo el mes que entra y te va a servir aunque nunca me compres nada; no hay dato bueno guardado atrás. Lo que un artículo no puede hacer es sentarse a ver tu gimnasio concreto: quién de tu gente aguanta la cámara, cómo se acomoda esa tarde en tus turnos reales, qué contesta tu recepción cuando tú no estás, y qué hacer con enero, que se comporta distinto a todos los demás meses. Eso es capacitación y consultoría, con el dueño adentro. Lo digo porque es la verdad de dónde termina un texto, no para apurarte.

El lunes no grabas nada. El lunes abres tu propia cuenta como si fueras el vecino que pasa enfrente todas las mañanas y nunca ha entrado, y lees en voz alta las últimas doce publicaciones preguntándote qué le contestan. Después pones una libreta junto a la caja con los siete días de la semana escritos y le dices a quien esté en el mostrador que haga una rayita cada vez que llegue un mensaje preguntando precio. Nada más. Ese número, el de la primera semana, es el único punto de partida honesto que vas a tener. El miércoles, cuando ya lleves cuatro o cinco rayitas, le preguntas a tu entrenador si tiene libre una tarde el primer jueves del mes que entra.

Preguntas frecuentes

¿Qué publicar en el Instagram de un gimnasio?
Cinco cosas que contesten lo que se pregunta el que nunca ha entrado: el recorrido crudo de la puerta al fondo sin música, un socio de varios meses contando qué le costó el primer mes, las preguntas que recepción oye a diario contestadas de frente, el piso lleno a las siete grabado de lejos, y los avisos de horario o de equipo nuevo. Las frases motivacionales y los videos de ejercicio genéricos dan likes y no mensajes.
¿Cuántas veces a la semana debe publicar un gimnasio?
Tres, todas las semanas del año, y que no se caiga ninguna. Tres sostenidas son más de ciento cincuenta piezas al año; diario durante dos semanas son catorce y después un hueco. Publicar poco no hace daño: parar sí, porque una cuenta con la última publicación de hace cinco meses le sugiere al que estaba considerando entrar que a lo mejor ya cerraste. Las historias sueltas sí pueden ser diarias, porque no se producen.
¿Quién debe llevar las redes sociales de mi gimnasio?
El entrenador al que los socios ya saludan primero, o la persona de recepción, que se sabe de memoria las preguntas que le hacen todos los días. El dueño no, salvo dos excepciones: cuando hay que dar la cara por un cambio de horario o de cuota, y cuando el gimnasio es tan chico que él es el entrenador principal. Si la cara es el dueño, la cuenta se muere el primer mes malo.
¿Cómo consigo más seguidores para mi gimnasio?
Ésa es la pregunta equivocada. El número de seguidores suma en la misma cifra al vecino de enfrente y a un desconocido de otro estado, y sólo le puedes vender a uno de los dos. Cuenta otra cosa: cuántos mensajes preguntando precio llegan por semana y cuántos de ésos se pararon adentro. Una libreta junto a la caja con los siete días escritos y una rayita por mensaje alcanza para saberlo.
¿Qué le contesto a alguien que pregunta el precio por mensaje?
Se da el precio, nunca solo y nunca como último renglón. Va con una cosa que nadie más le va a decir —el horario tranquilo, que el primer día alguien lo acompaña, que hay estacionamiento— y se cierra con una pregunta que se conteste con una palabra: si viene en la mañana o en la tarde. El objetivo no es que se inscriba por chat: es que se pare adentro, porque nadie decide un gimnasio sin verlo.
¿Puedo grabar a mis socios en el gimnasio para redes?
Con permiso pedido en voz alta ese día, a solas y antes de grabar, no después. El letrero y el aviso de privacidad cubren el papel, pero no evitan que la socia de las nueve deje de venir. Nunca se graban regaderas ni vestidores, nadie de espaldas agachado, ni menores sin su papá presente. Y si alguien pide que bajes su video meses después, se baja el mismo día y sin preguntar por qué.
¿Cómo le pido una reseña a un socio sin que sea incómodo?
En persona, a alguien concreto, justo después de que te dijo algo bueno: le pides que escriba eso mismo, con el teléfono ya abierto en la pantalla donde se escribe. Se pide una vez y se suelta, sin recordatorios. Nunca por mensaje masivo y nunca a cambio de algo, porque se nota en el texto y contamina las verdaderas. Dos por semana, pedidas a la cara, son cerca de cien al año.